La misión del artista

Redactado por: Javier Gallego Alonso

Cuanto más me adentro en los escabrosos senderos de la estética, del arte, más consciente soy de mi ignorancia y limitaciones para con él. Porque, cuanto más se obstine uno en encontrar dogmas, leyes unívocas, sistemas cerrados que expliquen el arte y lo quieran encerrar con argumentos lógicos y axiomas incontrovertibles, más se enredará con ellos; se volverá más inflexible intelectualmente, menos comprensivo y abierto, más académico y purista.

Quizás un axioma en arte valga lo mismo que su opuesto.

Quien no acepte el componente —junto con muchos otros— de irracionalidad que trae consigo el arte, no podrá comprenderlo cabalmente. Podemos racionalizar ad eternum las motivaciones del artista, las función del arte respecto a la moral, el crecimiento intelectual, el impacto emocional, y está bien hacerlo, incluso debe hacerse; pero siempre quedará un reducto que se niegue a aceptar como satisfactoria cualquier clasificación, cualquier definición, cualquier explicación que se nos antoje absolutamente certera y abarcadora. No creo que eso pueda darse en arte, ni siquiera se da muchas veces en la ciencia. Sólo hay que seguir vagamente los pasos de la física actual, el estudio de la física en el universo por ejemplo, para darse cuenta de ello.

Y, sin embargo, es inevitable reflexionar sobre el arte, y, si eres artista, si aspiras a ser un artista serio, es obligatorio hacerlo. Un artista ha de tener una concepción propia del arte y de su obra, ha de madurar un punto de vista acerca de qué le es posible ofrecer con su arte, adónde puede llegar con él, qué limites tiene… Los más grandes, no me cabe duda, no llegan a creerse dueños de la verdad ni a pensar que su forma de relacionarse con el arte es la única válida: puede que la consideren la mejor, pero no la única verdadera. Igual que tampoco les gusta mantenerse cómodos dentro de unos parámetros ya conocidos, pues siempre están buscando nuevas maneras de expandir, de dilatar los límites de su arte en busca de soluciones formales nuevas e interesantes para ellos.

¿Por qué crea el artista, y para qué? No podría asegurarlo; no puedo hablar por todos ellos. Es posible que cada artista ofrezca una respuesta distinta a esta pregunta, aunque, a mi modo de ver, cada una de ellas con un trasfondo común entre sí. Y éste sería un poderoso mandamiento interior, una necesidad angustiosa de expresar algo que consideran importante, algo que no son capaces de guardarse y deben sacar para librarse de una intolerable carga, dándole un revestimiento propio, íntimo, con unos códigos expresivos que le son necesarios porque no encuentran otros más perfectos. Esto se convierte en una obsesión y es muy posible que constituya la más alta prioridad en la vida del artista.

¿Qué otra razón de peso podríamos añadir a lo dicho? La belleza: el crear algo bello que se oponga a la zafiedad de la vida… Soy consciente de que el término belleza es resbaladizo, que no está muy bien visto actualmente por ciertas corrientes estéticas y filosóficas derivadas de un cambio de paradigma en el arte —sobre todo en el arte plástico— que se viene dando desde finales del siglo XIX o principios del XX. Parece que la belleza está desterrada como una convención de otro tiempo que ya no es necesaria hoy en día, pero esto no es cierto. La belleza es un concepto amplísimo que nunca perderá su vigencia y que abarca cualquier elevación espiritual que provoque el arte — y más cosas— en nosotros, y que no es otra cosa que un sinónimo de poesía, otro término complejo pero comprensible intuitivamente para quien tiene sensibilidad para este tipo de cosas.

¿Abarcan estas nociones, traducen en alguna medida la agonía espiritual que experimenta un artista durante su proceso creador? Desde luego que no; apenas si se ha profundizado en ello. Y he aquí el componente irracional e imposible de explicar satisfactoriamente, por mucho que queramos, del que hablaba antes. Por eso, en ocasiones, la tentación de utilizar la coletilla socrática «sólo sé que no sé nada» (cuyo significado más profundo se ha frivolizado enormemente) es casi insoportable.

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