Valorando escritores

Redactado por: Javier Gallego Alonso.

Me gustan las listas. Obviando el hecho de que, en primera instancia, parecen ciertamente inútiles, sobre todo si no las elaboramos nosotros; pero si nos detenemos un momento ante ellas tras confeccionarlas nosotros mismos, podemos apreciar ciertas preferencias, gustos, opiniones, cierta ordenación de ideas que en ocasiones nuestro pensamiento no formula con demasiada facilidad.

Me gustan especialmente las listas hechas en base a cualquier tema artístico porque nunca, jamás son definitivas, y según los patrones que utilices pueden variar extraordinariamente, y, si eres un poco sabio, cambiar de forma considerable con el tiempo, ya que significará que tu criterio madura y se fortalece.

Dicho esto, ¿me propongo hacer una lista? Muy tramposa sería esta introducción si la respuesta fuese no. Voy a dejar por escrito un listado que contenga a todos los escritores de quienes he leído más de una obra –excepto aquellos que sólo escribieron una–, y junto a sus nombres añadiré la que, a mi juicio (obviamente) es su mejor obra literaria. Los escritores se agruparán en 5 clases: genios, excelentes, interesantes, mediocres y deleznables. Dentro de cada una de ellas no habrá un orden particular entre los escritores, es decir que el que figure el primero no tiene que ser necesariamente el que yo creo superior al resto, etc.

He de decir que esta clasificación se ha intentado establecer únicamente en base a los méritos literarios de los autores, así como su importancia e influencia posteriores, manteniendo un enfrentamiento despiadado entre intelectos, sin preferencias personales de por medio. Es evidente que la lista se puede modificar, y va a ir transformándose con el paso del tiempo, cuanto más se definan mis ideas y mi juicio estético. Sin más preámbulos, la lista:

Genios: Los más sublimes en su lengua y época, y por tanto los más memorables de todas las épocas; todos inmensamente inteligentes, filósofos verdaderos, revolucionarios estéticos, con un conocimiento divino del alma humana. Los creadores de obras más perdurables, únicas y admirables, siendo, por tanto, los más grandes poetas, ensayistas, novelistas, dramaturgos.

  • Victor Hugo: Las contemplaciones
  • Oscar Wilde: De profundis
  • Edgar Allan Poe: Narración de Arthur Gordon Pym
  • Dante Alighieri: Divina Comedia
  • Johann Goethe: Fausto
  • Walt Whitman: Hojas de hierba
  • John Keats: Lamia
  • Friedrich Hölderlin: Odas
  • Esquilo: Orestíada
  • Sófocles: Edipo rey
  • Henry David Thoreau: Walden
  • Gustave Flaubert: Las tentaciones de San Antonio
  • Fiódor Dostoievski: Los hermanos Karamásovi
  • Charles Baudelaire: Las flores del mal
  • Thomas Mann: La montaña mágica
  • Hermann Hesse: El lobo estepario
  • Andrei Tarkovski: Esculpir en el tiempo
  • Miguel de Cervantes: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha
  • Marguerite Yourcenar: Memorias de Adriano
  • Hermann Broch: La muerte de Virgilio
  • Molière: El misántropo
  • John Milton: El paraíso perdido
  • Platón: República
  • Moisés (?) (suponiendo su existencia): Libro de Job
  • William Blake: Matrimonio del Cielo y el Infierno
  • Søren Kierkegaard: Temor y temblor
  • Homero: La Odisea
  • Paul Verlaine: Poemas saturnianos
  • Percy Shelley: Prometeo liberado
  • Nicolás Maquiavelo: El príncipe
  • François Rabelais: Gargantúa y Pantagruel
  • Juvenal: Sátiras

Excelentes: Enormes artistas y pensadores poseedores de un dominio profundo de los recursos de su arte, con originalidad y estilo propio, pero sin la grandiosidad, la genialidad inasible de los anteriores. No logran alcanzar la transgresión y empuje de los límites del arte que éstos consiguen, y tampoco tienen tantas obras excelsas como ellos. Aun así son exquisitos.

  • Michael Montaigne: Ensayos
  • Franz Kafka: La metamorfosis
  • Virgilio: Geórgicas
  • Friedrich Schiller: Cartas para la educación estética de la humanidad
  • Rubén Darío: Prosas profanas y otros poemas
  • Paul Valéry: El cementerio marino
  • Herman Melville: Moby Dick
  • Emily Dickinson: Poemas
  • Arthur Rimbaud: Una temporada en el Infierno
  • Elisabeth Browning: Aurora Leigh
  • Heinrich Heine: Ensayos
  • Porfirio Barba-Jacob: Rosas negras
  • John Ruskin: Las piedras de Venecia
  • Walter Pater: Mario el epicúreo
  • Miguel Hernández: El rayo que no cesa
  • San Juan de la Cruz: Noche oscura del alma
  • Lord Byron: Don Juan
  • Christopher Marlowe: El judío de Malta
  • Pedro Calderón de la Barca: La vida es sueño
  • Antonio Machado: Campos de Castilla
  • Juan Ramón Jiménez: Antolojía
  • S T. Coleridge: Espíritus que habitan en el arte
  • Friedrich Nietzsche: Así habló Zaratustra
  • Robert Louis Stevenson: El extraño caso ddoctor Jekyll y Mr. Hyde
  • Nathaniel Hawthorne: La letra escarlata
  • William Wordsworth: Baladas líricas
  • William Shakespeare: Sonetos

Interesantes: Creadores de obras sugestivas, muy brillantes en ocasiones, con destellos de excelencia. Su prosa, aunque técnicamente impresionante, no es tan rica, su verso tan bello, ni su estilo tan original y marcado comparándolos con los nombres ya citados; tampoco los horizontes de su pensamiento, así como el alcance de su trabajo, llegan a tales niveles de amplitud. Tampoco ofrecen sólida y continuadamente, como aquéllos, obras poderosas que den forma a un corpus sin fisuras.

  • Mariano José de Larra: Artículos
  • Gustavo Adolfo Bécquer: Rimas y leyendas
  • Federico García Lorca: La casa de Bernarda Alba
  • La Fontaine: Fábulas
  • Ovidio: Las metamorfosis
  • Miguel Ángel Buonarroti: Sonetos
  • Esopo: Fábulas
  • G. K. Chesterton: El hombre eterno
  • J. J. Rousseau: La nueva Eloísa
  • Voltaire: Diccionario filosófico
  • Francisco Quevedo: Poesía
  • Ernesto Sábato: El túnel
  • Pablo Neruda: Los versos del Capitán
  • Jorge Luis Borges: El Aleph
  • Jane Austen: Orgullo y prejuicio
  • Virginia Woolf: Al faro
  • Benvenuto Cellini: Vida
  • Arthur Conan Doyle: El sabueso de los Baskerville
  • Albert Camus: La plaga
  • H. P. Lovecraft: Relatos

Mediocres: Escritores astutos, con algún acierto creativo parcial, someramente parcial, y que no saben  dar a luz verdadera literatura. Su pensamiento suele ser sumamente simple, estrecho, angosto y muy poco profundo. Normalmente son poco versátiles, se acostumbran a escribir de una forma determinada y ganar dinero con ella, sin esforzarse más allá ni pretenderlo. La mayor parte de su obra es innecesaria, superficial, y no aporta nada memorable, siquiera interesante.

  • Roald Dahl: Las brujas
  • Mario Benedetti: A ras de sueño
  • Mario Vargas Llosa: El sueño del celta
  • Gabriel García Márquez: Crónica de una muerte anunciada
  • J. K. Rowling: Harry Potter y la piedra filosofal
  • Agatha Christie: Asesinato en el Orient Express

Deleznables: Infames usurpadores de la literatura, parásitos, enmascarados, hombres y mujeres de negocios que no se preocupan del arte literario ni saben crearlo. De éstos no pienso incluir su mejor obra porque no poseen tal cosa; no merecen –ni se podría si se intentase– destacar una sobre las demás.

  • Arturo Pérez-Reverte
  • Juan Gómez-Jurado
  • Almudena Grandes
  • Ken Follet
  • Carlos Ruiz Zafón
  • Javier Marías
  • Elvira Lindo
  • Rosa Montero
  • Antonio Muñoz Molina
  • Dan Brown

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