Pérez – Reverte, a la caza del ‘Best Seller’

Redactado por: Javier Gallego Alonso.

A principios de agosto me topé con una entrevista a Arturo Pérez – Reverte en la página web del diario ‘ABC’. La entrevista no es interesante en sí misma, y Reverte repite las mismas frases que el vulgo que cree que sabe leer quiere oír, tanto en redes sociales como en cualquier otro medio: señala la estupidez de nuestro pueblo (cosa, creo yo, muy evidente), que la culpa de que el país vaya a la deriva es nuestra…, y tiene razón, pero no es nada nuevo en el sentido de que no exige una gran lucidez ni capacidad de reflexión.

Sin embargo, hay un detalle que me llamó la atención en una de sus respuestas. No me sorprendió, pero sí me incitó a escribir sobre ello (y mucho he tardado por el hartazgo y el cansancio del trabajo); algo que yo sabía desde que leí varias cosas suyas, incluyendo al archiconocido capitán Alatriste: que Reverte es un juntador de palabras con el justo oficio que confieren cierta cultura, inteligencia y experiencia, pero no es, ni mucho menos, un artista; ni siquiera un escritor. Estas palabras sólo las merecen personas mucho más grandes y sensibles que él.

Su interlocutor pregunta a Reverte si «no puede dejar de escribir», a lo que éste responde que a él le gusta imaginar y leer, pero que escribir le parece la parte más prosaica de su oficio; que debe hacerlo porque necesita vivir de algo.

Al leer estas palabras, no hay que ser muy sagaz para saber que Reverte no respeta al escritor como artista, por muy miembro de la RAE que sea o por mucho que defienda el libro físico y el papel frente a las nuevas tecnologías. Y no lo respeta porque no respeta el proceso artístico en sí, es decir, lo que hace el artista: moldear una materia informe que le proporcionan su imaginación y su estado anímico; transformarla en una forma viva y bella, en un objeto artístico, ya sea un libro, una escultura, un cuadro o una sinfonía. El verdadero artista disfruta creando, disfruta con el reto de transformar  su ideal estético en algo vivo; o dicho de otra manera: crear una obra de arte le proporciona placer, regocijo, siendo ésta una afirmación de su personalidad y una forma de expresión elevada y única.

Podría reprochárseme que la imaginación es la herramienta suprema del artista y sólo ésta es responsable de la creación artística; podría reprochárseme, pero sería un gran error. Todos imaginamos, pero no significa que tengamos una imaginación fértil, incluyendo a la gente aficionada a la lectura y el cine; gente —en teoría— culta. Aun poseyendo una rica imaginación, no significa que podamos traducirla en obras rebosantes de belleza, porque la imaginación hay que dominarla y hacer buen uso de ella; si abusamos de su poder, la obra resultante suele ser demasiado ampulosa, desequilibrada, caótica, desmesurada y de escaso gusto. Resolver esto último corresponde al artista, y al artista le produce placer llevarlo a cabo.

Por mucho que Leonardo da Vinci hubiese imaginado ‘La virgen de las rocas’, o Johann Sebastian Bach la sublime música de ‘La Pasión según San Mateo’, no las tendríamos hoy a nuestra disposición sólo porque las hubiesen imaginado, sino porque les dieron forma, y no sólo por necesidad económica, sino estética. Volviendo a Reverte, por mucho que imagine y lea (y repito que de esto no se infiere que la imaginación sea poderosa), no significa que sea buen escritor, su obra esté creada en su mente y sus manos sean un mero escriba a su servicio. Si no goza escribiendo, no es un artista. Todo esto lo he dicho al margen de la calidad de sus obras, la cual juzgo mediocre como mucho. Reverte pertenece al club de los creadores de Best Sellers, que pretende el agrado del público más amplio posible y ganar mucho dinero con ello, lo cual comprendo perfectamente aunque no lo respeto. Yo únicamente creo que, de vez en cuando, debe decirse que los escritores, los genios, los verdaderos artistas, van por un camino distinto al que transitan individuos como Arturo Pérez – Reverte. Como Reverte hay muchos; como San Juan de la Cruz, Miguel Hernández o Fernando Vallejo, pocos.

A modo de última observación, Reverte menciona que estamos ante un final de época –lo cual es cierto– y que ya nadie conoce a Homero, Montaigne, Shakespeare, Cervantes, etc. No estoy tan seguro de esto último. No obstante, aunque así fuera, han existido muchos genios más próximos en el tiempo que podemos conocer para sustituir a aquéllos sin ningún problema. Aquí cito algunos: Friedrich Schiller, Paul Verlaine, Johann Wolfgang von Goethe, Charles Baudelaire, Fernando Vallejo, Dumas père, Oscar Wilde, Thomas Mann, Henry David Thoreau, Edgar Allan Poe, Walt Whitman, Søren Kierkegaard, Marguerite Yourcenar, John Keats, Chateaubriand, Hermann Hesse, Boris Pasternak…

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. aaronkonrat dice:

    Interesante entrada, sigue así

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    1. ¡Gracias! Se hace lo que se puede.

      Le gusta a 1 persona

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