Cuando se podía beber en el Cielo y el Infierno.

Redactado por: Patricia Fernández Fernández.

En esta ocasión vengo muy emocionada a hablaros de uno de los lugares más curiosos y singulares del París de finales del siglo XIX y al que, personalmente, me habría encantado acudir. Se trata de Le Café de L’Enfer/Le Cabaret de L’Enfer (El café del Infierno/El cabaret del Infierno), un café-restaurante que también ofrecía espectáculos de cabaret y que se ubicaba en Montmartre, el barrio de moda entre los bohemios franceses del siglo XIX y donde se encontraba, entre otros, el famoso Moulin Rouge. Cuando la noche se cernía sobre la «ciudad de la luz», los cabarets acogían interminables fiestas en las que no era raro encontrarse con personalidades de la talla de Henri de Toulouse-Lautrec, Charles Baudelaire o Edgar Degas. Y, contra lo comúnmente creído, había ambientes para todos los gustos, incluso algunos con un lado bastante oscuro que quizá nos recuerdan más al oscurantismo del mundo anglosajón de la era victoriana.

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Le Café de L’Enfer parece haber estado más concretamente ubicado en el nº 53 del Boulevard de Clichy. Seguramente ya sabréis —y si no lo repito— que Montmartre es el barrio de mis sueños y que adoraría vivir en él algún día, por lo que entenderéis que este cabaret llame poderosamente mi atención. Y bien, ¿qué hacía de Le Café de L’Enfer algo fascinante? Pues, que además de tratarse de uno de los primeros café-restaurantes temáticos de la Historia, tenía como inspiración el Infierno. Nuevamente, y por si no lo sabéis, todo lo relacionado con lo macabro me atrae sobremanera. Ah, Montmartre, la belle époque e inspiración macabra: atracción total.

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Boulevard de Clichy, 1887, Vincent van Gogh.

Este local abrió sus puertas a finales del siglo XIX de la mano de A. Alexander, director-administrador, y funcionó supuestamente hasta la década de los 20 del siglo XX (aunque otras fuentes fechan su cierre en la década de los 50). Es difícil precisar esta información, así como aspectos relativos a su diseño y construcción, debido a la escasísima información sólida disponible sobre el establecimiento. No obstante, sí conocemos lo que sucedía en su interior en gran parte gracias a un libro escrito por William Chambers Morrow, titulado Bohemian Paris of To-Day (1899) e ilustrado por E. Cucuel. Morrow visitó los cabarets del París bohemio junto a sus amigos Bishop y Thompkins y relató sus experiencias en dicho libro. Podéis encontrar fácilmente el texto en Internet si queréis consultarlo, ¡no os defraudará! También he encontrado esta página, en la que podéis ver varias páginas del libro ilustradas (clic).

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El local abría todas las noches de 20:30 pm. a 02:o0 de la mañana (Tous les Soirs de 8 h. 1/2 à 2 h. du matin) y la entrada costaba 1,25 francos mas un suplemento de 0,50 por la primera copa. En esta bonita tarjeta se especifican, además, los distintos espectáculos ofertados.

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A primera vista, lo que más llamaba la atención era la entrada del local, toda una sensación en aquella época. La puerta estaba enmarcada por una boca demoníaca gigantesca realizada en yeso. Los dientes afilados, los ojos desorbitados y los cuernecillos del diablo reforzaban su aspecto fiero y la sensación de adentrarse en una auténtica mansión encantada. Además, la fachada del edificio estaba repleta de esculturas también realizadas en yeso que representaban figuras demoníacas y almas torturadas. De acuerdo con lo narrado por W. C. Morrow, el portero del local —disfrazado de Satanás— recibía a los clientes al saludo de: ¡Entrad y sed condenados! ¿Quién podía resistirse?

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Fijaos en la enorme lengua que aparecía al subir la reja del cabaret.

Una vez dentro, los clientes se encontraban con un local en forma de cueva y una decoración muy recargada: las paredes de los pasillos estaban repletas de grietas, de las que salía una imitación de lava dorada, llamas y humo; las paredes de las salas principales estaban cubiertas con relieves de figuras demoníacas, en posición amenazante de atrapar a los visitantes; el techo estaba nuevamente ornado con esculturas que representaban almas torturadas eternamente en el Infierno. Como no podía ser de otro modo al tratarse de un local temático, los camareros y figurantes de café-restaurante iban disfrazados de demonios.

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Paris XVIIIème arr., Montmartre. L’intérieur du cabaret L’Enfer, jumeau de celui du Ciel, 53, boulevard de Clichy. 1904. Roger-Viollet

Continuando con la temática infernal, tanto las bebidas como las comidas de la carta habían cambiado sus nombres normales por otros referentes al averno. Así, por ejemplo, cuando Morrow y sus colegas se sentaron a una mesa y pidieron tres cafés negros con coñac, el camarero que les atendió se dirigió al bar gritando algo así como: «¡Tres vasos hirviendo de pecados fundidos con una pizca de azufre reforzante!». Las copas les fueron servidas en vasos de color fosforito trasparente y, al pasarles la cuenta, el camarero les dijo: «Esto preparará sus intestinos y los volverá invulnerables, una vez al menos, a las torturas de hierro fundido que enseguida serán vertidas por sus gaznates… Recuerden que aunque en el infierno hace calor, tienen más bebidas frías si desean». En este enlace (clic) tenéis más detalles del relato de Morrow sobre este cabaret.

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Como ya he mencionado, en algún punto entre la década de los 20 y la de los 50 del siglo XX, las puertas del Infierno de Le Café de L’Enfer se cerraron para siempre, poniéndose fin al que hoy en día es considerado uno de los primeros café-restaurantes temáticos de la Historia.

Una curiosidad que refuerza el carácter teatral de todo esto es que, justo al lado de Le Café de L’Enfer, alguien decidió abrir —no por casualidad— otro local bautizado como Le Ciel (El cielo). La fachada de este establecimiento —así como su interior— emulaba la de una catedral gótica y, en algún momento tiempo después de su apertura, incorporó figuras de ángeles y amorcillos sobre el dintel de la puerta principal (que estaba pintada en color azul celestial). Las imágenes hablan por sí mismas: querubines con pelucas rubias y coronas de rosas vestidos con túnicas blancas, ángeles colgando en el aire, un San Pedro presidiendo el lugar y portando en su mano una gigantesca llave, los clientes sentados a una alargada mesa… Las bebidas se presentaban en cálices que podían contener, a elección del consumidor, cerveza, jarabe o aguardiente de cerezas. ¡Imaginaos los espectáculos de cabaret! Ah, y el ambiente estaba amenizado por música de órgano. W. C. Morrow «ascendió al Cielo» antes de «descender al Infierno» y también detalló en Bohemian Paris of To-Day su experiencia en este local.

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Paris XVIIIème arr., Montmartre. L’intérieur du cabaret Le Ciel, jumeau de celui de L’Enfer, 53, boulevard de Clichy. 1904. Roger-Viollet

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¡Espero que os haya gustado este post! Contadme, ¿con cual os quedaríais vosotros? ¿Le Café de L’Enfer o Le Ciel? Podéis darme vuestras opiniones tanto en los comentarios del blog como a través de las redes sociales; ya sabéis que estamos Facebook y Twitter. ¡Un saludo a todos/as!


 

Recursos utilizados:

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