Odio el cine.

Redactado por: Javier Gallego Alonso.

Sí. Considero que el cine como fenómeno social, cultural, económico e industrial, es repugnante.

No entiendo cómo a la gente le puede gustar algo tan simplón, que produce en muchas ocasiones vergüenza ajena y mediante lo cual se cuentan idioteces de tal calibre que apetece echarse a reír o directamente escupir a la pantalla. Porque el cine es eso: entretenimiento. Y el público cree que eso es lo que debe ser, lo cual es aún peor. Quieren diversión, quieren olvidarse de su insípida vida (como todos), pasar un buen rato… Pero digo yo, ¿no tenemos ya el fútbol y la televisión para suplir eso? ¿Por qué extender esas exigencias a todos los ámbitos de la vida, incluso al artístico?

A mí el cine no me gusta; es más, me parece una basura para adormecer y entretener a las masas. No hay que olvidar que el cine es un sistema de comunicación audiovisual muy poderoso que influye en nosotros: perpetúa estereotipos, hace que nos tomemos mejor este mundo sin sentido, moldea la estupidez humana para que nos parezca tolerable, ayuda al mantenimiento del statu quo… Es deleznable.

A mí me gustan las películas que son obras de arte. Porque el arte, le guste o no al distinguido público, está hecho para pegarte una hostia en toda la cara y agitarte esa mente amueblada con imbecilidades. Esto último es lo que consiguen las obras de arte cinematográficas, que son escasas pero existen. Y son los creadores de esas obras los que hacen –en contadas ocasiones- grande al cine y no a la inversa; e irónicamente son estos creadores, estos artistas, quienes son ninguneados y olvidados en favor de listos que se aprovechan de la tremenda falta de exigencia del público.

Al público, seamos sinceros, no le gusta el arte. Le gustan las historias felices, si puede ser con algo de tristeza, pero no demasiada, y si hay violencia, pues mejor; pero la justa, no vayamos a ser sádicos… Los grandes artistas dicen verdades, que es lo que el público detesta. Las detesta porque son incómodas y la pereza mental reina en el mundo; y en España tiene uno de sus mejores bastiones. Con las formas de expresión artística hay que ser exigente.

A mí no me vale cualquier memez dirigida sin ningún tipo de visión, de reflexión o un punto de vista cuyo objetivo es mostrar plano tras plano una serie de secuencias autocomplacientes y condescendientes hacia el espectador. Eso es Hollywood, por ejemplo; ese templo en honor a la peor muestra de una forma de arte que nació medio muerta. Porque a la gente, por supuesto, le gusta únicamente el cine estadounidense; cosa muy triste teniendo en cuenta que cinematografías varias (como la japonesa) aniquilan a aquella totalmente desde el punto de vista artístico.

Decía que a mí me gustan las obras de arte cinematográficas. Es decir, me gustan unas miles de películas que son arte. El resto me da igual. Me gustan y admiro a los grandes artistas como Francis Ford Coppola, Andrei Tarkosvky, Carl Theodor Dreyer, Robert Bresson, Paul Thomas Anderson, Ingmar Bergman, Zhang Yimou, Kenji Mizoguchi, Akira Kurosawa, Victor Erice, etc.; gente que se tomó muy en serio su faceta expresiva trasladada a los materiales con que trabajó, gente que sabía (y sabe) que hay personas merecedoras  de algo más.

Quitando a un puñado de individuos asombrosos, el cine es una estupidez comparable a cualquier patochada televisiva alienante y lavadora de cerebros.

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